Lamento a veces exponer mis ideas de la manera más simple sin ser procesadas. Justo hoy hablaba de Sigmund Freud y sé que no tengo mis tres instancias bien desarrolladas, una concepción narcisista del yo, un super yo empequeñecido y el ello, ello.
Generas calma en mí, porque escuchas, sin preguntar, sin escuchar demasiado. Hablando en el lugar justo, sin decir demasiado. Riéndonos de banalidades y yo molestandome de tus chistes machistas y discriminatorios. Y sabes como odio eso aun así jodes y te jodo. Pointless, meaningless. Just keeping the flow, the normal order.
Y tu crees que eres Dios y yo te sigo la corriente, te dejo hablar, alimento tu imaginación, tu supuesto poder. Y tú que estás loco, más que yo. Mi locura, controlada, parametrada, focalizada; la tuya, no lo sé.
Siento que te conosco y aún me acuerdo que el día que te di el paraguas (¿o fue antes, después tal vez? , no lo recuerdo) me dijiste que era muy parecida a ti. Y yo te dije que no y tu dijiste que debería tomarlo como un halago y yo me cagué de risa. No, no somos parecidos y a la vez sí. Somos opuestos. No entiendo muy bien como nos toleramos y como nos preguntamos tonterías que aun asi nos entretienen por buen rato. No sé muy bien que clase de enfermiza relación tenemos, no sé si tildarla de una pseudo-amistad o empatía. Me gusta lo superfluo de nuestros temas pero a la vez se torna serio.
Ahora no sé si deba rezarte un padrenuestro todas las noches.
Mientras Lucía está en casa, Dios se pierde en un bar.
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