29.1.12

Tetera.

Hace más o menos un año, recuerdo la sensación, cariño. El escozor en las manos.
Ahora que veo mi momento traducido en tus ojos, veo que comienzas a entenderme.
Es una clase de placebo, el arte. Arma afilada, maleable, translúcida.
No solo siento que es tu momento, sino que siento que ya estás listo.
Dejaste el verde atrás para tornarte de un delicioso naranja, listo para morder.
No sé, como explicarlo, pues al hablar de esto solo siento un calor adentro, las palabras salen
aceleradas de mi boca, mis manos se mueven.
Latido a latido, el momento se acerca.
Mi momento ya pasó. Veni, vidi, vinci.
Ahora es el tuyo.
A pelearlo a pincelada pura.
Que mi experiencia sea tu base, que mi voz fluya a través de la tuya.
Que tus manos actúen con la suavidad que me tocas.
Ni qué decir de tus ojos.

Ahora, solo me queda a mí cederte el paso.
Esperar, esperar, esperar.

Calma, cariño.
Es tu momento.
Solo tuyo.

Ya es hora de que te pongas los lentes maravillosos.


17.1.12

Para que te escribo si eres analfabeto.

Hola, estoy acá de nuevo.
No sé ni por qué realmente estoy acá, nunca me haces caso. No escuchas, no piensas, no opinas.
Qué puede decirte, no, la frase exacta sería, que más puedo decirte,
ni con palabras, ni a gritos, ni a golpes, ni con dolor, ni con sangre entiendes.
Y yo, yo, yo, me quemo por dentro. Ya planeé mi suicidio, tirarme del noveno piso de un hotel, a lo Charly García.
Estoy triste, aún no sucede, y bueno, ya es tiempo. Ya es el puto tiempo de que suceda.
¿Acaso no soy especial?
Tú lo dijiste.
Bueno, tu dices muchas cosas, tu hablas mucho. Tu hablas, cada estupidez, que ya no te creo nada.
Todo es tu culpa y también la mía, porque ya dejé de creerte y ahora me baso solo en lo que veo, escucho. Y eso son cosas tuyas, en las que no me debería fijar, pero me dejaste la puerta abierta y no pude evitar asomarme.
No soy ciega, por algo tengo ojos tan grandes y una curiosidad tan gatuna.
Hoy, amigos míos, no estoy triste, ya, supongo que no importa, qué patética situación.
Qué patética soy yo, por aguantar.
Ni siquiera me duele, ya ni me importa y eso lentamente nos matará.

Buenas noches.
Hoy perdiste mi tren.

3.1.12

Presupuestos anuales.

Hola, mi nombre es Lucía Vazquez y padezco de laberintos personales.

Sí, ya lo sé. Llevo 18 años con esta condición, ha sido medicada pero sin respuesta alguna. No me dejan dormir, me causan dolores en el corazón y en la cabeza. Hay momentos en los que no respiro y me olvido fácilmente de las cosas. Soy ultra obsesiva y increiblemente paranoica. Anticipo todo y nunca, pero nunca me olvidaré de nada.

Que qué tan crónica es mi enfermedad. Pues, los doctores aun no tienen claro mi diagnóstico. Pero debo encontrarme en una fase bastante avanzada, ya he profanado tumbas e incluso tengo cierto morbo por ello. Bueno, no sé. Ustedes saben, la putrefacción, me encanta.
No recuerdo ni cuando comencé con todo eso, probablemente con las tentativas de suicidio, por fin en poder de mi vida o al menos de mi muerte. Las pequeñas demostraciones de que yo era dueña de mi persona. Ah, también estuvieron las suplantaciones, oh, cómo me encantan, dan rienda suelta a mi voluble imaginación y a mi mitomanía. No puedo negarlo, mentir me es inevitable, dicen que las mentiras tienen patas cortas, pero, joder, las mías sí que corren. Oh, no se sientan ofendidos por mi presencia, no estaré mucho rato. Me aburro pronto, ustedes son tan vanos, tan vacíos, que yo apenas haya comido hasta el último rastro de su alma, procederé a dejarlos como cáscaras de mandarina.
Sí, no es mi primer intento de terapia, no soy buena para las conciliaciones, mi ego no me lo permite, este es otro detalle de los Laberintos. Qué puedo decir, no hay nada más asombroso que yo. Sin embargo, no es bueno mentir, me odio por las noches, sobre todo cuando me veo desnuda frente al espejo. ¡Oh dios, no puedo ni aguantarlo, esos ojos, esas piernas, las manos! Toda la escena es casi tan deliciosa como vacas en el matadero.

Las personas que padecen de esta enfermedad solo esperan por la cura, o al menos algo que alivie el dolor. Tu sabes, librarse de esas pequeñas alimañas que se te atan al corazón. No tienes idea de cuánto duele, es como sacarse sanguijuelas de la piel, como arrancarse las garrapatas. Y los dolores de cabeza cuando el Sol sale. Son terribles, terroríficos, esos son los más amenazantes.

Queridos amigos, compañeros, solo me queda implorarles por su aceptación.
Soy Lucía Vazquez y padezco irrevocablemente de Laberintos Personales.
Esta condición hasta ahora no tiene cura.