No siempre fui Lola.
Lo conocí cuando mi edad se contaba aún con una cifra. Siempre fuimos amigos, hermanos. Poco a poco él me metió en su mundo. Me presentó uno a uno, ellos se convertirían en mis nuevos hermanos, cuidarían de mi, cuando yo quede inconsciente.
Recuerdo las primeras salidas, tenían problemas para que yo entrase a los bares. En la primera encerrona mi hermano me llevó a una esquina y me dijo: Veas lo que veas, no digas nada. Aquí todo se puede. Luego, con el tiempo, entendería todo. Pase lo que pase, todos miran, todos somos partícipes, todos somos cómplices del crimen, pero nadie hará nada. Así como nadie hizo nada conmigo.
El nombre Lola fue una casi burla que se popularizó entre nosotros. Era la nena de Nabokob, la nena de los hermanos. Ser Lola ha causado en mí ciertas cicatrices, que aún, después de dejar de usar ese nombre, son tangibles en mi cuerpo. Todo lo ocasionó la caja. Mis hermanos me protegieron de todo menos de la caja, yo, su pequeña muñeca de cristal, su frágil experimento quedé dañada. Ellos me la enseñaron y hasta me dejaron ponerle nombre. "La caja de Pandora, la que alberga todos los males del mundo" Nos reímos tanto de nuestro chiste, no estaba lejos de ser verdad. Realmente íbamos a los lugares a esperar la caja, después de su llegada, solo tengo recuerdos difusos.
Siempre escondí bien a Lola, ellos me enseñaron.
Solo tengo pocos recuerdos concretos:
Estábamos sentados en el bar de turno, esperando que llegase la caja. JD salió y nos avisó que estaba atrás, entramos todos. Cada uno tomó lo suyo, yo fui por lo de siempre. Encontré un poco de paz sentándome en el suelo, en una esquina. Tenía un encendedor en las manos, empecé a jugar con el, la llama me encandilaba, el fuego calentó al metal, dejé que se apague y lo presioné fuertemente contra mis dedos. Lo repetí varias veces, sin sentir dolor, solo sentía la sensación.
Mi hermano me lo quitó de las manos, me agarró de la muñeca y me arrastró a un baño. Abrió la canilla metió mis manos en agua fría. Grité de dolor, comencé a llorar, lo insulté, le dije que se fuera. Vi mis dedos, estaban rojos, quemados. Me dejé caer al suelo, vi el encendedor en una esquina, lo recogí y lo metí en un bolsillo. Sentí miedo, me levanté, me lavé la cara, me saqué el delineador corrido. Salí en búsqueda de mi hermano, lo abracé y me senté en sus rodillas, me acerqué a su oído y le susurré lo más bajo que pude: Hermano, quiero irme a casa.
28.12.10
27.12.10
La hija de la lágrima.
Conocí a Lola, no tenía más de 13 años. Su presencia resplandecía en el lugar, era una Vírgen María maldita, arrastrada hacia la oscuridad. Estaba sentada en una esquina, tenía a varios chicos alrededor, que la asistían, le servían más trago, le conseguían más cigarrillos. No pasaba desapercibida. No se movía, sostenía un cigarrillo entre los dedos, miraba al vacío, tenía las pupilas dilatadas, podría asegurar que estaba drogada.
Miré alrededor, me encontraba en un asqueroso antro, Centro de Lima tenía que ser. Qué hacía ella aquí, todos los que me rodeaban tenía más de 18, a excepción de uno o dos adolescentes excitados por el ambiente. Ella estaba inmutable.
Me dió tanta curiosidad que le pregunté al tipo de mi lado: ¿Quién es ella? Él ni levantó la cabeza, sabía a quién me refería. Me respondió: Ella es Lola, creo que ese no es su nombre en realidad. Se supone que es algo de unos de ellos -señaló a los que la rodeaban- Nadie sabe mucho, ellos no dejan que se acerquen demasiado, al que se pasa de chistoso, lo llevan para atrás. Igual a ella no le interesa nadie, siempre anda así, solo le interesa la caja de Pandora.
Decidí irme... no quise saber más.
Volví dos o tres semanas después, noté su presencia a penas crucé la puerta. Estaba en la misma esquina, como quien no quiere la cosa, me senté en la mesa de al lado. Entrecerré los ojos, escuché la música, evité mirarla.
Toqué mi casaca de cuero, busqué en un bolsillo, saqué una cajetilla, prendí un cigarro. Pedí una cerveza.
-¿Me prestas tu encendedor?- Ella se inclinaba hacia mi, con ojos muy abiertos.
Me limité a dejar el encendedor en su mano.
-¿Cómo te llamas?- Intenté sonar despreocupado.
-Lola. -Dijo firmemente.
-Ah... ¿Estás siempre por acá?- Tenía que continuar hablandole.
-Solo cuando hay luna... -Dijo con una media sonrisa.
Los que la rodeaban se rieron de su chiste privado, me sentí fuera de lugar. Un tipo se les acercó y dijo, mirando a Lola, llegó la caja. Ella simplemente se levantó y siguió al tipo.
Se llevó mi encendedor y mis ideas.
Tiempo después lo recuperaría, sabría el verdadero nombre de Lola y a mí también me interesaría la caja de Pandora. Decaydance
Miré alrededor, me encontraba en un asqueroso antro, Centro de Lima tenía que ser. Qué hacía ella aquí, todos los que me rodeaban tenía más de 18, a excepción de uno o dos adolescentes excitados por el ambiente. Ella estaba inmutable.
Me dió tanta curiosidad que le pregunté al tipo de mi lado: ¿Quién es ella? Él ni levantó la cabeza, sabía a quién me refería. Me respondió: Ella es Lola, creo que ese no es su nombre en realidad. Se supone que es algo de unos de ellos -señaló a los que la rodeaban- Nadie sabe mucho, ellos no dejan que se acerquen demasiado, al que se pasa de chistoso, lo llevan para atrás. Igual a ella no le interesa nadie, siempre anda así, solo le interesa la caja de Pandora.
Decidí irme... no quise saber más.
Volví dos o tres semanas después, noté su presencia a penas crucé la puerta. Estaba en la misma esquina, como quien no quiere la cosa, me senté en la mesa de al lado. Entrecerré los ojos, escuché la música, evité mirarla.
Toqué mi casaca de cuero, busqué en un bolsillo, saqué una cajetilla, prendí un cigarro. Pedí una cerveza.
-¿Me prestas tu encendedor?- Ella se inclinaba hacia mi, con ojos muy abiertos.
Me limité a dejar el encendedor en su mano.
-¿Cómo te llamas?- Intenté sonar despreocupado.
-Lola. -Dijo firmemente.
-Ah... ¿Estás siempre por acá?- Tenía que continuar hablandole.
-Solo cuando hay luna... -Dijo con una media sonrisa.
Los que la rodeaban se rieron de su chiste privado, me sentí fuera de lugar. Un tipo se les acercó y dijo, mirando a Lola, llegó la caja. Ella simplemente se levantó y siguió al tipo.
Se llevó mi encendedor y mis ideas.
Tiempo después lo recuperaría, sabría el verdadero nombre de Lola y a mí también me interesaría la caja de Pandora. Decaydance
7.12.10
Ya no quiero ser astronauta.
Quiero eliminar a varias personas de mi vida, simplemente porque no valen la pena. Son un conjunto de mentes simples, personalidades soberbias y poseedoras de solo dos temas de conversación.
Estoy escribiendo con desprecio, con la bilis en la garganta. Estoy harta de personas así, esa clase de personas que puede estar con el mismo tema por dos años, contar la misma historia y reirse cada puta vez que la cuenta. Estoy harta de las personas descerebradas que se creen eruditos, de las personas porque tienen dinero manipulan, de las personas que no valoran lo que realmente hay que apreciar, las personas que no son abiertas con el resto y se cierran en su necedad.
Estoy bastante harta de un gran porcentaje de la gente que me rodea.
Estoy harta de mi misma.
Jigsaw.
Estoy escribiendo con desprecio, con la bilis en la garganta. Estoy harta de personas así, esa clase de personas que puede estar con el mismo tema por dos años, contar la misma historia y reirse cada puta vez que la cuenta. Estoy harta de las personas descerebradas que se creen eruditos, de las personas porque tienen dinero manipulan, de las personas que no valoran lo que realmente hay que apreciar, las personas que no son abiertas con el resto y se cierran en su necedad.
Estoy bastante harta de un gran porcentaje de la gente que me rodea.
Estoy harta de mi misma.
Jigsaw.
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