27.7.12

Simón

Mi pequeño se fue.
No puedo exactamente describir el dolor que siento.
La idea de que ya no estarás, de que al estirar los pies en mi cama ya no te sentiré hecho una bolita ahí.
Me quema el corazón porque debiste graduarte conmigo, verme casada y hasta tal vez ver mis niños.
Mi pequeño Simón durazno. Has regresado al río, los duendes te han llevado.
Te recuerdo cuando eras una cosita que apenas caminaba, te trepabas con las justas a mi cama,
te acobijabas contra mi, siendo yo tu única protección. 
Y fuiste creciendo y rompiendo mis cartulinas y robándote mis medias. Con tus gracias de rey y tu pose de quequito. Mi fiel compañero en las noches, el que me esperaba despierto cuando yo llegaba de madrugada.
Mi niño, mío, mío, mío, de mi corazón. 
Te saqué en una cajita, saliste de la Facultad de Arte, artista como yo,  recuerdo que temblabas de miedo, como maullabas las primeras noches y yo, entre sueños, sacaba una mano y te acariciaba las orejas hasta que te quedaras dormido de nuevo.
Fuiste ganando terreno, haciéndote el rey, el rey gato, el rey de mi corazón. 

Me has despertado esta mañana, has jugado conmigo, como diciéndome que me quieres, que me levante, que te de bola, que no me duerma, que esté contigo.
Mi pequeño Simón, me tardé dos semanas en encontrar tu nombre, porque eras mío y el nombre que yo te iba a dar, tenía que ser perfecto. 

Hoy partes de mi lado, de mi cama, de mi cuarto, de la manta azul, del sillón, del jardín, de tu atalaya, de la poza de la cocina, de los sillones; pero no de mi corazón.
Hoy dormiré tranquila, porque sé que tu velas mis sueños.


22.7.12

érase una vez

Cuando pienso en ti, señorita, nada tiene que ser mentira. 
Hablo de ti, cual caperusita roja, me miras expectante desde abajo.
Soy yo, el lobo feroz, un lobo arrepentido, sucio y amilanado.
No quiero morderte, sino contemplarte en tu bola de nieve.
Tienes tanto miedo de mis patas cansadas suelten tu fragilidad, 
que te conviertas en vidrio roto y escarcha en el suelo.
Pequeña bella durmiente, que reposas en mi cama, en mi lecho.
No mucho tengo para ofrecerte, sigo siendo lobo, no he tenido mucho amor,
ni casa, ni abrigo.
Sonríes al dormir y pienso en la lejanía, ¿sonreirá por mi, se acordará de mi en sus sueños?
Creo que no, sigo siendo yo, el lobo malo de los cuentos, me como niñas como tú,
asustadas, pequeñas y vírgenes. 
Pequeña blancanieves, de rulos oscuros, de vivacidad roja. ¿Qué has creado en mi?
Acaso la duda, de que seres como yo, puedan querer seres como tú.
Tienes miedo de mi.
Lo entiendo, soy temible, soy exactamente la razón por la que no hay que atravesar el bosque.
Soy yo, el lobo.



Pero ahora, tengo tanto miedo como tú.
Pues como lobo soy; y tú, tan solo una niña, tu escaparás de mi.
Lejos, porque finalmente, los lobos y las niñas solo existen en cuentos.

Y pese a que lucho contra mi naturaleza y mi instinto, 
para poder acariciar tu rostro en vez de hacerte daño .
Sigo siendo lobo y en un descuido te arrancaré el cuello.


9.7.12

Siempre quise tomar un taxi y pedirle que de vueltas por la ciudad.
Solo dar vueltas y vueltas, sin parar, sin llegar a ningún lado.
Solo ver las luces pasar. Horas de horas.
Con Nina Simone de fondo.
Hoy es lunes, se supone que debería sentirme bien.
Por favor, sácame de aquí.