13.12.11

Cenizas.

Hola cariño.
3/4, felicitaciones, es una buena cifra.
Que puedo decir. No eres la primera opción, nunca.
En caso de desastre ya tengo columnas que no se caen.
Supongo que la clandestinidad del comienzo arruinó todo.
Y asumo responsabilidad por eso.
Entiendo que no soy la mejor, pero, lo sé, lo sé, tengo ese nosequé por el que todos caen.
Yo lo sé, aunque no lo creas, tengo control absoluto de lo que causa cada molécula de mi ser en ti.
Yo lo sé, aunque tu soberbia no te deje verlo, yo veo más allá.
También sé que esto te caerá como anillo al dedo, pero de esos que son muy chicos y que hay que sacarlos con jabón. Tardará un rato en salir, te dejará el dedo latiendo.
Así soy, una pastilla amarga, pero en fin, paliativo para tus dolores.
Aprendeme a tragar. Prometo drogarte, adormecerte, hacerte dormir.
Siento no confiar, soy incapaz de olvidar, nada. Ningún detalle.
Mi mente aguda me lo prohibe, me dota de la coartada lista en caso de crimen.
Lamento no poder llenar tus noches, porque ando ocupada con la mías.
Me gustan las medias tintas y el vino, pero solo si lo tomo de tus labios.

Bienvenido a mi mente T.
No hay vuelta atrás, ya estás muy dentro mío.



1.11.11

Consejo de un conejo.

Queridas amigas:

Nunca se enamoren.

Nunca se enamoren de un marino,
las dejará olvidadas esperando que la luz del barco se asome en su puerto.
Nunca se enamoren de un filósofo,
quedarán entre divagaciones y pensamientos.
Nunca se enamoren de un estadista,
pasarán a ser un dato más en sus tablas.
Nunca se enamoren de un escritor,
se hundirán en medio de ideas fallidas y papeles arrugados.
Nunca se enamoren de un político,
no sabrán si creer en mentiras blancas y verdades omisas.
Nunca se enamoren de un gitano,
levantará carpas y irá al siguiente pueblo.
Nunca se enamoren de un científico,
pues su relación se reducirá a hipótesis, datos y errores.
Nunca se enamoren de un músico,
después del último acorde se convertirán una parada más en su gira.
Nunca se enamoren de un contador,
si algo sale mal serán borrón y cuenta nueva.
Nunca se enamoren de un actor,
pretenderá ser Romeo para luego bajarles en la cara el telón.
Nunca se enamoren de un médico,
los diagnósticos sobre ustedes siempre serán fallidos.
Nunca se enamoren de un mago,
las meterá en una caja y las cortará en dos.
Nunca se enamoren de un granjero,
las marcará como una vaca.
Nunca se enamoren de un arquitecto,
serán una columna más de su estructura.
Nunca se enamoren de un ingeniero,
vivirán un vida cuadriculada.
Nunca se enamoren de un veterinario,
las tratarán como una paloma con un ala herida.
Nunca se enamoren de un pintor,
las dejarán de lado por la musa de sus sueños.

Nunca enamorarse es un consejo sabio,
pues el mal de amores aún no tiene cura.

12.10.11

Alicia me miró con ojos curiosos, la observé desde el otro lado de la habitación, sentada en mi mesa.
Sabía que yo la miraba, sabía que yo sabía su secreto, del conejo blanco, de la reina de corazones.
Miraba su reloj cada tanto.

¿Estaría apurada? ¿Tendría una fiesta de té o un partido de cricket esperando?

Alicia actúa para mí.
Tan perfecta.
Tan frágil.


18.9.11

G.


Estoy en mi cama, estoy debajo de mi cama, estoy contigo.
Estás a mi lado, estás dentro mío, estoy contigo.
Poco lo quiero, mucho lo evito, estoy contigo.
Menos me entiendo, más te quiero, estoy contigo.
Maúllo un rato, me rasco la oreja, estoy contigo.
Corto cartulinas, pego formas, estoy contigo.
Estás lejos, te beso la frente, estoy contigo.
Me abrazas un rato, retozo al sol, estoy contigo.
Te miro a los ojos, juegas con mi pelo, estoy contigo.
No somos nada, contamos siete meses, estoy contigo.

No sé lo que quiero, pido demasiado, estoy contigo.
Me confundes, adivino, estoy contigo.
Abracadabra, patas de cabra, estoy contigo.
Insomnio, flojera, estoy contigo.
Te dibujo en la cama, escuchamos una canción, estoy contigo.
Te cuido, me preocupo, estoy contigo.
Gatitos, ponys, estoy contigo.
No espero que entiendas, quédate a mi lado, estoy contigo.
Necesito mucho, no quiero pedirte nada, estoy contigo.

Dime que sí, no me digas nada, estoy contigo.
Rozo tus labios, te sonrío, estoy contigo.
Dame la mano, no me sueltes, estoy contigo.

No me digas más, ya me dices demasiado, estoy contigo.







9.8.11

Me llegas al pincho.

Esta va para mucha gente en mi vida.

Una vez, en medio de un abrazo me dijeron, tu das más de los que los otros te devuelven.
Es verdad.
Joder y los odio por eso. No tengo porqué aguantarme sus huevadas. No tengo por que ayudarlos, porque sé que en el momento que algo me pase a mi no me ayudarán.

Váyase de mi vida. Los odio. Uno tras otro ha venido y se ha ido.
Por qué tengo que ofrecerme, infligirme daño, dejarme de lado.
Por qué cuando soy mejor que tú.

No tengo porqué decirte la verdad. Sin embargo lo hice.
Pero no esta vez.


Se suponía que esta noche duerma con una sonrisa en la cara.

26.7.11

Cajones viejos.

Me acerco a los 18, seré legalmente una adulta y no puedo sentirme más niña.

Quisiera saber en qué momento dejé de leer cuentos sobre el futuro y comencé a leer a Descartes y a Hegel o en el momento que deje correr cuando iba por un vaso de agua para que no me atrape la oscuridad.

¿En qué momento dejé de dormirme a las 10?
¿Cuándo fue que cambié la mochila-carrito y las zapatillas de pega-pega?

Puedo decirles que soy bastante infantil y guardo bastantes, por no decir demasiados recuerdos de mi niñez. Hoy decidí hurgar en mis cajones y botar cosas, me pasa eso cada cierto tiempo. Siempre encuentro cosas inútiles me que niego a botar, por nostalgia, por que me acostumbré a tenerlas, por que me da pena, por que al tocarlas me viene un recuerdo maravilloso que tal vez no podría ser evocado de no tener tal objeto.

Me da pena crecer. Me da pena no poder ponerme el buzo rojo de Silvestre con el que salgo en la foto de inicial con unos globos en la cual mi hermano tiene el mismo buzo pero en verde. Me da pena deshacerme de la muñeca Kira que mis papás me regalaron en una de mis primeras bajadas de reyes o fue Navidad ¿acaso?

Me da pena darme cuenta de que ya no soy una niña y por más que quiera no voy a volver a serlo. Me da pena saber que no puedo atesorar todo. Y pese a saber que grandes cosas vendrán (estoy decidida de que mi vida será espectacular) me da pena saber de que ya no podré tener todas las pequeñas cosas, los inicios. Y aquí viene mi disyuntiva, ¿Cómo escoger? ¿Qué hace a un objeto más valioso que otro? ¿Qué hace a un recuerdo más valioso que otro?

Tengo un par de recuerdos vívidos en la cabeza, ellos pertenecen a mi cajita dorada, los intocables, recuerdos que me han marcado tanto, recuerdos que de solo cerrar los ojos puedo evocarlos tan poderosamente que los vivo otra vez. Recuerdos que los he hecho tan míos y que son tan íntimos.
Pero también están los otros, los recuerdos simplemente, detalles más pequeños que me niego a perder. El desteñido nombre de "pista de carreras" que se niega a irse de la pared del patio, el pequeño vestido azul de flores hawaianas guardado en mi primer cajón, los discos viejos de Avril Lavinge y Green Day muy en el fondo del tocador, mis primeras Converse, mi falda del colegio.

A veces en las conversaciones de la cena, mi abuelo dice de la nada dice algo, un recuerdo del pasado generalmente a medias, creo yo que es un intento de perennizarlos, de que la pequeña luz de ese momento no se vaya para siempre.

¿Cómo hace uno para guardar todo?





Cuando la memoria falla y el corazón duele.



10.7.11

Hola Lucía del pasado:

Pequeña de rulos, todo salió bien, no te preocupes. Se avecinan días más soleados.

2.7.11

Sweet home, Buenos Aires



Morirás por Malvinas,
pero no dejes cuentas sin cobrar.
Sweet home, Buenos Aires
donde el cielo está gris,
Sweet home, Buenos Aires
condenado país.

Tengo planeado en algún futuro cercano dejar Lima.

Sí.
Lluvia a mí.





4.6.11

inútil

Hola má, hola pá:

¿Cómo están?
Yo más cansada, más harta, más agotada, más feliz que nunca. Sí, mis clases van bien, a pesar de ese cursillo de mierda, Composición, ahi la voy luchando. ¿Saben? Estoy a dos semanas de mis finales, y la sola idea de que un jurado de al menos 10 artistas consagrados mirarán mis cartulinitas, mis ideitas, mis garabatos y mis estatuitas, como dicen ustedes, me da ganas de morir/llorar/rehacer todo. Pues los pisapapeles que hice, esculturas, como le llamo yo, que me tomo casi un mes y dos semanas en modelar, corregir, hacer moldes, vaciar y resanar, andan bastante bien. Creo.
Supongo que no entenderán, nunca lo hacen y nunca lo harán, no se preocupen, no es su culpa, es la mía, yo fui la que quise ser artista. No entenderán toda la pasión interior, digamos así, el fuego que siento al entrar en contacto con el material, el hacerlo mío, el fundirme con él y convertirnos en uno.
Para ser artista, hay que ser valiente. Yo lo soy y no tengo miedo. Pues la sensación que crea en mí, producir algo (estatuitas, cartulinitas, etc.) es mucho más fuerte y mucho más placentera que la que la sensación suya de haber concretado una venta o haber sobresalido en alguna reunión. Eso se los aseguro. Rilke en "Cartas a un joven poeta" nos cuenta la forma en la que un artista tiene que cuestionar su vocación :

"Vuelva usted sobre sí [...] Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que crear le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de su noche: ¿debo crear? Ahonde en sí mismo hacia una profunda respuesta; y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo debo, construya entonces su vida según esta necesidad, su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante un signo y testimonio de este impulso. "

No papá, no puedo vivir sin hacer arte. Simplemente no puedo y esto sí es tu culpa, por que he aquí yo, creación tuya. Me moldeaste, mismo estatuita. Tu acaso no siempre dices: "Cosechas lo que siembras" He aquí tu cosecha plagada, tu árbol torcido, tu flor enferma. Y sí, duele (como la gran puta) que no me tomes en serio, por que yo si voy en serio. Porque esto es lo que yo amo y tu te burlas y lo ridiculizas. Esto es de lo que viviré y en torno a esto girará mi vida, pagará mi comida y demás. Y si es que te enfermas, ojalá que no, esto pagará por tu salud.

Me disculpo por llenarte la mesa de yeso y arcilla, el piso de cartulinas, el escritorio de recortes, la ropa con tinta, los zapatos con pintura. Me disculpo por ocupar más sitio, por desordenar más, por tener más papeles y más cartulinas arrimados, también por hacerte gastar más en taxi para que mis "trabajos" no se arruguen o por que no me dan los brazos para cargar más cosas. Lo siento, padres.

Lamento no haber sido médica, ingeniera o abogada como a ustedes tanto les hubiera gustado.
No fue mi intención querer ser artista.

Lucía Vazquez.

30.3.11

Things on my head.

Hola a todos, estos dos últimos meses han sido muy importantes para mi. Resumen: Después de ingresar a la Pucp tenía que rendir un examen artístico para entrara a la facultad de artes. Me metí a un taller para prepararme y después de mucho sudor, cortaditas pintura en la ropa, arcilla en las manos y carboncillo en la cara, entré. POR FIN. Mi meta 2010 totalmente cumplida. Luego como es de costumbre, decidí alejarme de Lima solo por 10 días y enrumbé al rico norte, Máncora. Comencé clases el 14, la universidad es cansada pero divertida, colorida. He tenido una ideita en la cabeza que ha tenido que madurar para ser posteada y aún no es tiempo. Lucía no se ha ido. Ha vuelto y con muchas cosas en la cabeza. Sírvete un poco de Eiti Leda con ron en un vaso.

3.1.11

La hija de la lágrima III.

Lola creció y dejó de llamarse Lola.

Dejó de interesarle la caja, enterró por completo a Lola, su ropa, su maquillaje, esas viejas camisas negras, las mallas, hasta su peinado. Volvió a ser una niña corriente, volvió a dormirse temprano y a ver caricaturas. Lola encontró belleza en otras cosas, volvió a vivir. Dejo a los que decían ser hermanos suyos. Dejó la oscuridad.

Años después sus hermanos la volverían a encontrar y la llevarían por última vez a lo que sería la despedida de la Decadencia. Uno de los hermanos se iba lejos, no volvería más. Lola tuvo miedo de regresar, de volver a ver la caja, de no salir de esos antros. Al entrar se sintió extraña, ajena. Se acercó al grupo, todos sabían que era Lola, pero no la miraban como la hermana, la miraban como carne. Lola solo saludó y prendió un cigarrillo. Se disipó entre las personas, conversó con algunos, preguntó qué había pasado durante esos años. Algunos, al igual que ella, dejaron de verse; otros siguieron siendo el ejemplo de fracaso y inmadurez. Vio también que había miembros nuevos, probablemente de la misma edad de Lola. Se sentó en un sillón de la esquina sin prestar demasiada atención alrededor pero sin nunca bajar la guardia. Al rato dos chicas se sentaron a su lado. Lola las miró con soslayo. Una de ellas le preguntó: ¿Tú eres Lola? y Lola respondió: Lo era.

Justo Sin cruzó la puerta, lucía exactamente igual, el pelo desaliñado, la casaca de jean roída, las converse rotas. Sin saludar a nadie se fue para la parte de atrás, al rato pidió que lo acompañásemos. Nos sentamos los 8 alrededor de una mesa circular. Eramos las mismas caras que hace cuatro años. Comenzamos a hablar, a tomar un poco, vino la caja y cada uno tomó lo mismo como si fuera una noche cualquiera en la que Decaydance estaba junta. Sin, deteniendo la conversación, la mira a los ojos y pregunta: ¿Y tú Lola? Lola simplemente sonríe y niega con la cabeza: No sé si tú Sin, pero yo dejé a Lola hace años. Sin se ríe y le responde con algo de odio en las palabras: ¿Qué? ¿Nos dejaste sin Lola? ¿Y ahora? Cómo esperas que te llamemos... Lola entendió el resentimiento de las palabras. Simplemente sonrió con displicencia. Sin juntó las manos aplaudiendo suavemente y dijo: ¿Juegas?

Sin metió la mano adentro de su chaqueta, sacó una pistola, abrió el tambor, mostró la única bala, la cerró y la giró, por último, la puso sobre la mesa.

Uno de los chicos más jóvenes explicó: Sin consiguió la pistola hace un poco más de un mes, la trajo hace dos sesiones y se nos ocurrió el juego. La sensación empezó a sentirse en el cuerpo de Lola, la antigua sensación, la causada por la caja. Sin puso la mano en la pistola, la giró con fuerza.
Se detuvo apuntado a un muchacho con rulos, uno de los primeros hermanos de Lola. Este sin mucho esfuerzo agarró la pistola y la puso en su sien. Todos contuvieron el aire en sus pulmones. Se escuchó el clic del gatillo, no sucedió nada. El muchacho la puso en la mesa y la giró. Dio vueltas, apuntó a Lola. Lola la levantó, sintiendo un peso extraño entre sus manos, la apretó contra la sien, nunca había sentido tanto frío en su vida. ¡Qué frío que está el metal! pensó. Sintió todos los ojos de las personas alrededor en ella, sintió la mirada de Sin, jaló el gatillo.

Ese día se quemó vivo el recuerdo de Lola.