12.10.11

Alicia me miró con ojos curiosos, la observé desde el otro lado de la habitación, sentada en mi mesa.
Sabía que yo la miraba, sabía que yo sabía su secreto, del conejo blanco, de la reina de corazones.
Miraba su reloj cada tanto.

¿Estaría apurada? ¿Tendría una fiesta de té o un partido de cricket esperando?

Alicia actúa para mí.
Tan perfecta.
Tan frágil.