4.6.11

inútil

Hola má, hola pá:

¿Cómo están?
Yo más cansada, más harta, más agotada, más feliz que nunca. Sí, mis clases van bien, a pesar de ese cursillo de mierda, Composición, ahi la voy luchando. ¿Saben? Estoy a dos semanas de mis finales, y la sola idea de que un jurado de al menos 10 artistas consagrados mirarán mis cartulinitas, mis ideitas, mis garabatos y mis estatuitas, como dicen ustedes, me da ganas de morir/llorar/rehacer todo. Pues los pisapapeles que hice, esculturas, como le llamo yo, que me tomo casi un mes y dos semanas en modelar, corregir, hacer moldes, vaciar y resanar, andan bastante bien. Creo.
Supongo que no entenderán, nunca lo hacen y nunca lo harán, no se preocupen, no es su culpa, es la mía, yo fui la que quise ser artista. No entenderán toda la pasión interior, digamos así, el fuego que siento al entrar en contacto con el material, el hacerlo mío, el fundirme con él y convertirnos en uno.
Para ser artista, hay que ser valiente. Yo lo soy y no tengo miedo. Pues la sensación que crea en mí, producir algo (estatuitas, cartulinitas, etc.) es mucho más fuerte y mucho más placentera que la que la sensación suya de haber concretado una venta o haber sobresalido en alguna reunión. Eso se los aseguro. Rilke en "Cartas a un joven poeta" nos cuenta la forma en la que un artista tiene que cuestionar su vocación :

"Vuelva usted sobre sí [...] Confiese si no le sería preciso morir en el supuesto que crear le estuviera vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de su noche: ¿debo crear? Ahonde en sí mismo hacia una profunda respuesta; y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo debo, construya entonces su vida según esta necesidad, su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante un signo y testimonio de este impulso. "

No papá, no puedo vivir sin hacer arte. Simplemente no puedo y esto sí es tu culpa, por que he aquí yo, creación tuya. Me moldeaste, mismo estatuita. Tu acaso no siempre dices: "Cosechas lo que siembras" He aquí tu cosecha plagada, tu árbol torcido, tu flor enferma. Y sí, duele (como la gran puta) que no me tomes en serio, por que yo si voy en serio. Porque esto es lo que yo amo y tu te burlas y lo ridiculizas. Esto es de lo que viviré y en torno a esto girará mi vida, pagará mi comida y demás. Y si es que te enfermas, ojalá que no, esto pagará por tu salud.

Me disculpo por llenarte la mesa de yeso y arcilla, el piso de cartulinas, el escritorio de recortes, la ropa con tinta, los zapatos con pintura. Me disculpo por ocupar más sitio, por desordenar más, por tener más papeles y más cartulinas arrimados, también por hacerte gastar más en taxi para que mis "trabajos" no se arruguen o por que no me dan los brazos para cargar más cosas. Lo siento, padres.

Lamento no haber sido médica, ingeniera o abogada como a ustedes tanto les hubiera gustado.
No fue mi intención querer ser artista.

Lucía Vazquez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario