26.7.11

Cajones viejos.

Me acerco a los 18, seré legalmente una adulta y no puedo sentirme más niña.

Quisiera saber en qué momento dejé de leer cuentos sobre el futuro y comencé a leer a Descartes y a Hegel o en el momento que deje correr cuando iba por un vaso de agua para que no me atrape la oscuridad.

¿En qué momento dejé de dormirme a las 10?
¿Cuándo fue que cambié la mochila-carrito y las zapatillas de pega-pega?

Puedo decirles que soy bastante infantil y guardo bastantes, por no decir demasiados recuerdos de mi niñez. Hoy decidí hurgar en mis cajones y botar cosas, me pasa eso cada cierto tiempo. Siempre encuentro cosas inútiles me que niego a botar, por nostalgia, por que me acostumbré a tenerlas, por que me da pena, por que al tocarlas me viene un recuerdo maravilloso que tal vez no podría ser evocado de no tener tal objeto.

Me da pena crecer. Me da pena no poder ponerme el buzo rojo de Silvestre con el que salgo en la foto de inicial con unos globos en la cual mi hermano tiene el mismo buzo pero en verde. Me da pena deshacerme de la muñeca Kira que mis papás me regalaron en una de mis primeras bajadas de reyes o fue Navidad ¿acaso?

Me da pena darme cuenta de que ya no soy una niña y por más que quiera no voy a volver a serlo. Me da pena saber que no puedo atesorar todo. Y pese a saber que grandes cosas vendrán (estoy decidida de que mi vida será espectacular) me da pena saber de que ya no podré tener todas las pequeñas cosas, los inicios. Y aquí viene mi disyuntiva, ¿Cómo escoger? ¿Qué hace a un objeto más valioso que otro? ¿Qué hace a un recuerdo más valioso que otro?

Tengo un par de recuerdos vívidos en la cabeza, ellos pertenecen a mi cajita dorada, los intocables, recuerdos que me han marcado tanto, recuerdos que de solo cerrar los ojos puedo evocarlos tan poderosamente que los vivo otra vez. Recuerdos que los he hecho tan míos y que son tan íntimos.
Pero también están los otros, los recuerdos simplemente, detalles más pequeños que me niego a perder. El desteñido nombre de "pista de carreras" que se niega a irse de la pared del patio, el pequeño vestido azul de flores hawaianas guardado en mi primer cajón, los discos viejos de Avril Lavinge y Green Day muy en el fondo del tocador, mis primeras Converse, mi falda del colegio.

A veces en las conversaciones de la cena, mi abuelo dice de la nada dice algo, un recuerdo del pasado generalmente a medias, creo yo que es un intento de perennizarlos, de que la pequeña luz de ese momento no se vaya para siempre.

¿Cómo hace uno para guardar todo?





Cuando la memoria falla y el corazón duele.



1 comentario:

  1. Este post no tiene comentarios soyez le premier.
    Feliz cumpleaños Lucía, sigue posteando.

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