22.7.12

érase una vez

Cuando pienso en ti, señorita, nada tiene que ser mentira. 
Hablo de ti, cual caperusita roja, me miras expectante desde abajo.
Soy yo, el lobo feroz, un lobo arrepentido, sucio y amilanado.
No quiero morderte, sino contemplarte en tu bola de nieve.
Tienes tanto miedo de mis patas cansadas suelten tu fragilidad, 
que te conviertas en vidrio roto y escarcha en el suelo.
Pequeña bella durmiente, que reposas en mi cama, en mi lecho.
No mucho tengo para ofrecerte, sigo siendo lobo, no he tenido mucho amor,
ni casa, ni abrigo.
Sonríes al dormir y pienso en la lejanía, ¿sonreirá por mi, se acordará de mi en sus sueños?
Creo que no, sigo siendo yo, el lobo malo de los cuentos, me como niñas como tú,
asustadas, pequeñas y vírgenes. 
Pequeña blancanieves, de rulos oscuros, de vivacidad roja. ¿Qué has creado en mi?
Acaso la duda, de que seres como yo, puedan querer seres como tú.
Tienes miedo de mi.
Lo entiendo, soy temible, soy exactamente la razón por la que no hay que atravesar el bosque.
Soy yo, el lobo.



Pero ahora, tengo tanto miedo como tú.
Pues como lobo soy; y tú, tan solo una niña, tu escaparás de mi.
Lejos, porque finalmente, los lobos y las niñas solo existen en cuentos.

Y pese a que lucho contra mi naturaleza y mi instinto, 
para poder acariciar tu rostro en vez de hacerte daño .
Sigo siendo lobo y en un descuido te arrancaré el cuello.


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