3.1.11

La hija de la lágrima III.

Lola creció y dejó de llamarse Lola.

Dejó de interesarle la caja, enterró por completo a Lola, su ropa, su maquillaje, esas viejas camisas negras, las mallas, hasta su peinado. Volvió a ser una niña corriente, volvió a dormirse temprano y a ver caricaturas. Lola encontró belleza en otras cosas, volvió a vivir. Dejo a los que decían ser hermanos suyos. Dejó la oscuridad.

Años después sus hermanos la volverían a encontrar y la llevarían por última vez a lo que sería la despedida de la Decadencia. Uno de los hermanos se iba lejos, no volvería más. Lola tuvo miedo de regresar, de volver a ver la caja, de no salir de esos antros. Al entrar se sintió extraña, ajena. Se acercó al grupo, todos sabían que era Lola, pero no la miraban como la hermana, la miraban como carne. Lola solo saludó y prendió un cigarrillo. Se disipó entre las personas, conversó con algunos, preguntó qué había pasado durante esos años. Algunos, al igual que ella, dejaron de verse; otros siguieron siendo el ejemplo de fracaso y inmadurez. Vio también que había miembros nuevos, probablemente de la misma edad de Lola. Se sentó en un sillón de la esquina sin prestar demasiada atención alrededor pero sin nunca bajar la guardia. Al rato dos chicas se sentaron a su lado. Lola las miró con soslayo. Una de ellas le preguntó: ¿Tú eres Lola? y Lola respondió: Lo era.

Justo Sin cruzó la puerta, lucía exactamente igual, el pelo desaliñado, la casaca de jean roída, las converse rotas. Sin saludar a nadie se fue para la parte de atrás, al rato pidió que lo acompañásemos. Nos sentamos los 8 alrededor de una mesa circular. Eramos las mismas caras que hace cuatro años. Comenzamos a hablar, a tomar un poco, vino la caja y cada uno tomó lo mismo como si fuera una noche cualquiera en la que Decaydance estaba junta. Sin, deteniendo la conversación, la mira a los ojos y pregunta: ¿Y tú Lola? Lola simplemente sonríe y niega con la cabeza: No sé si tú Sin, pero yo dejé a Lola hace años. Sin se ríe y le responde con algo de odio en las palabras: ¿Qué? ¿Nos dejaste sin Lola? ¿Y ahora? Cómo esperas que te llamemos... Lola entendió el resentimiento de las palabras. Simplemente sonrió con displicencia. Sin juntó las manos aplaudiendo suavemente y dijo: ¿Juegas?

Sin metió la mano adentro de su chaqueta, sacó una pistola, abrió el tambor, mostró la única bala, la cerró y la giró, por último, la puso sobre la mesa.

Uno de los chicos más jóvenes explicó: Sin consiguió la pistola hace un poco más de un mes, la trajo hace dos sesiones y se nos ocurrió el juego. La sensación empezó a sentirse en el cuerpo de Lola, la antigua sensación, la causada por la caja. Sin puso la mano en la pistola, la giró con fuerza.
Se detuvo apuntado a un muchacho con rulos, uno de los primeros hermanos de Lola. Este sin mucho esfuerzo agarró la pistola y la puso en su sien. Todos contuvieron el aire en sus pulmones. Se escuchó el clic del gatillo, no sucedió nada. El muchacho la puso en la mesa y la giró. Dio vueltas, apuntó a Lola. Lola la levantó, sintiendo un peso extraño entre sus manos, la apretó contra la sien, nunca había sentido tanto frío en su vida. ¡Qué frío que está el metal! pensó. Sintió todos los ojos de las personas alrededor en ella, sintió la mirada de Sin, jaló el gatillo.

Ese día se quemó vivo el recuerdo de Lola.

1 comentario:

  1. Divine madness! Laugh and the world laughs with you!
    Estupendo, magnífico, increíble!. El proyecto terminó. El cañón, la empuñadura, el gatillo todos funcionando al mismo tiempo de una forma tan perfecta y extraña, igual que Lola y...Lola 2, ese instante en el cual murió un recuerdo, pero debió de morir una de ellas. Al jalar el gatillo se volvieron 1, llevando a la misma mente todas las inseguridades y los impulsos. Es Sepultados en una mente que los debió de olvidar. Es raro que uno se pregunte a veces porque hace cosas que nunca creyó que haría y las sigue haciendo,ese por qué! Yo lo tomo como condición humana. Di hola Lola.

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