3.1.12

Presupuestos anuales.

Hola, mi nombre es Lucía Vazquez y padezco de laberintos personales.

Sí, ya lo sé. Llevo 18 años con esta condición, ha sido medicada pero sin respuesta alguna. No me dejan dormir, me causan dolores en el corazón y en la cabeza. Hay momentos en los que no respiro y me olvido fácilmente de las cosas. Soy ultra obsesiva y increiblemente paranoica. Anticipo todo y nunca, pero nunca me olvidaré de nada.

Que qué tan crónica es mi enfermedad. Pues, los doctores aun no tienen claro mi diagnóstico. Pero debo encontrarme en una fase bastante avanzada, ya he profanado tumbas e incluso tengo cierto morbo por ello. Bueno, no sé. Ustedes saben, la putrefacción, me encanta.
No recuerdo ni cuando comencé con todo eso, probablemente con las tentativas de suicidio, por fin en poder de mi vida o al menos de mi muerte. Las pequeñas demostraciones de que yo era dueña de mi persona. Ah, también estuvieron las suplantaciones, oh, cómo me encantan, dan rienda suelta a mi voluble imaginación y a mi mitomanía. No puedo negarlo, mentir me es inevitable, dicen que las mentiras tienen patas cortas, pero, joder, las mías sí que corren. Oh, no se sientan ofendidos por mi presencia, no estaré mucho rato. Me aburro pronto, ustedes son tan vanos, tan vacíos, que yo apenas haya comido hasta el último rastro de su alma, procederé a dejarlos como cáscaras de mandarina.
Sí, no es mi primer intento de terapia, no soy buena para las conciliaciones, mi ego no me lo permite, este es otro detalle de los Laberintos. Qué puedo decir, no hay nada más asombroso que yo. Sin embargo, no es bueno mentir, me odio por las noches, sobre todo cuando me veo desnuda frente al espejo. ¡Oh dios, no puedo ni aguantarlo, esos ojos, esas piernas, las manos! Toda la escena es casi tan deliciosa como vacas en el matadero.

Las personas que padecen de esta enfermedad solo esperan por la cura, o al menos algo que alivie el dolor. Tu sabes, librarse de esas pequeñas alimañas que se te atan al corazón. No tienes idea de cuánto duele, es como sacarse sanguijuelas de la piel, como arrancarse las garrapatas. Y los dolores de cabeza cuando el Sol sale. Son terribles, terroríficos, esos son los más amenazantes.

Queridos amigos, compañeros, solo me queda implorarles por su aceptación.
Soy Lucía Vazquez y padezco irrevocablemente de Laberintos Personales.
Esta condición hasta ahora no tiene cura.

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